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miércoles, 8 de noviembre de 2023

Se hace camino al andar

Verano 2023. Viaje por España, Francia y Andorra en autocaravana.

A diferencia de los viajes de turismo convencionales, donde adquiere un pasaje y contratas alojamiento en el destino, ya sea que lo realices por la libre o con un paquete turístico, viajar en autocaravana es una manera distinta de conocer lugares y su gente. El destino al que pretendes llegar es una referencia, un “hacia allá”, pero no una obligación.

Es la ruta la que adquiere relevancia, con sus sorpresas y potenciales descubrimientos, con sus desvíos y giros que te propone el camino; el tiempo también deja de ser una condición estricta adquiriendo una razonable escala referencial. Viajar en autocaravana no es una manera de hacer turismo, es una manera de descubrir.

La "bitácora" de viaje en el siguiente enlace. Que lo disfruten.

https://drive.google.com/file/d/1Ej8ggWLQeNRtAczEIzTABT8vdm1LG4Im/view?usp=sharing

lunes, 7 de octubre de 2019

BITÁCORA DE VIAJE ESPAÑA – PORTUGAL


BITÁCORA DE VIAJE ESPAÑA – PORTUGAL

24 junio 2019.
Pasado el mediodía, cuando el termómetro marca 32° y tenemos cielo despejado, desde Mairena del Aljarafe (Sevilla), partimos hacia el norte por la Ruta de la Plata. Renatita está cargo de la navegación, GPS y mapas y yo en la conducción del furgón camper.

Mérida. A las 4:30 de la tarde llegamos a nuestra primera parada, la capital de la comunidad autónoma de Extremadura. Desde el año 25ac fue capital de la provincia Lusitania, hasta la caída del imperio romano y continuó siendo una ciudad importante durante el reino Visigodo. Los musulmanes la conquistan el año 713 y la hicieron la capital de Cora de Mérida, hasta 1230, cuando la reconquistó Alfonso IX.

Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, gracias a su importante y extenso conjunto arqueológico. El tratamiento que realiza la ciudad de su patrimonio trasciende de la simple adición o sumatoria de edificios y restos arqueológicos, a un conjunto urbano integral, lo que permite recorrerla con la sensación de encontrarse dentro de un todo.

Cáceres. Gracias a los largos días del incipiente verano, logramos recorrer hasta las 10:00 pm las calles de Cáceres, también declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1986 porque es uno de los conjuntos urbanos de la edad media y el renacimiento “más completos y conservados del mundo”. Ese mismo año fue declarada por el Consejo de Europa como el Tercer Conjunto Monumental de Europa, después de Praga y Tallin. Su historia se remonta a inicios del s.I con asentamientos romanos, que fueron arrasados por los Visigodos. Sobre esos restos, a mediados del s.X, los musulmanes fundan nuevamente la ciudad, que el 1229 es conquistada por Alfonso IX.


Si en Mérida nos llamó la atención el tratamiento de “conjunto arqueológico”, en Cáceres quedamos impactados con el Casco Antiguo o Ciudad Monumental, que abarca sus intramuros y extramuros. Una alta muralla de piedra continua, que es al tiempo fachada de edificios, con aperturas de ventanas incluidas, rodea la Ciudad Monumental. Al interior, sus calles peatonales permiten recorrerla sin la interferencia de restaurantes o bares, ni letreros de publicidad. Esta particularidad nos alerta de cuán interiorizados tenemos esa contaminación visual en nuestro diario vivir en las ciudades. Todos sus edificios, impecablemente restaurados y mantenidos, albergan viviendas, oficinas privadas y públicas, dando al conjunto una sosegada vitalidad cotidiana más allá del turismo, que al recorrerla, escuchando los propios pasos en la calzada, nos transmiten una tranquilidad y paz difícil de imaginar en las ciudades actuales.

En el extramuro, señalando el ingreso principal al Casco Antiguo, se encuentra la Plaza Mayor, también peatonal. En ella, una productora de cine concluía la filmación de escenas de mercados medievales, que, por la utilería, por el vestuario de los actores y extras desplazados en ese entorno urbano, reforzaban la sensación de transportarse en el tiempo.

Alcántara. Con las sombras de la noche llegamos al puente romano de Alcántara sobre el río Tajo, muy cerca de la frontera con Portugal. Construido en los años 103 y 104, tiene 194m de largo, una altura máxima de 58m y destaca la luz lograda entre los arcos, la mayor de 28,8 m, en una estructura de piedra que trabaja a compresión, un alarde de la ingeniería romana de hace casi 20 siglos. En la mitad del puente se encuentra el Arco de Trajano, emperador romano nacido en Hispania que mandó a construirlo.

Dormimos placenteramente junto al puente, arrullados por el rumor de las aguas y desayunamos acompañados del canto de los pájaros, con el telón de fondo de unas vistas preciosas que nos invitaron a recorrer la región. Comenzamos por el convento de San Benito, que nos muestran un pasado glorioso por su magnitud, al igual que otros edificios antiguos del pueblo de Alcántara, que lo callejeamos y nos aprovisionamos de deliciosos jamones y quesos de cabra elaborados localmente.


Aguas arriba del puente, visitamos el embalse de Alcántara, construida en los años 60 del siglo pasado para la generación de electricidad, con prisioneros como mano de obra gratuita, algo muy común en todo el territorio español durante el período de la dictadura franquista.


Concluimos el día en la piscina “natural” de La Cantera, formada en la explotación de piedra granito a cielo abierto para la construcción del embalse. En una de las explosiones afloró una vertiente de agua cristalina, que hasta nuestros días sigue llenando esta piscina. Pernoctamos nuevamente junto al puente romano, pero en la otra orilla.

26 junio 2019
Partimos de Alcántara a media mañana hacia la frontera con Portugal, por un camino bordeado de multitud de nidos de cigüeñas, casi multifamiliares de nidos, en especial en las torres de transmisión eléctrica que parecen ser las favoritas de estas aves para anidar.

Cruzamos la frontera, anunciada con un simple letrero. Adentrados en Portugal nos perdimos entre caminos vecinales y, entre rectificaciones de rumbo, descubrimos que estábamos nuevamente en España. Nos tomó más de una hora retomar la ruta correcta a Oporto.

Oporto (Porto en portugués). Llegamos a media tarde y nos fuimos al Camping “Canidelo” junto al mar. Después de una breve merienda partimos a explorarla en transporte público y encontramos una ciudad hermosa y amable. Empezamos por el Parque das Camélias y desde allí nos adentramos hacia a Plaza da Bathalha, con su icónica iglesia de S. Idelfonso. A dos horas de caminar por el centro un local de estilo Deco nos invitó a disfrutar un aromático café, antes de retornar al camping, donde aún gozamos del atardecer sobre el mar.


Oporto se encuentra en la desembocadura del río Duero al Atlántico y su centro histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1996. Su historia se remonta hasta los griegos, que fundaron el puerto de Cale en la desembocadura del río. A ellos les siguieron los romanos, los suevos, los alanos, los musulmanes, los españoles, hasta que el 1139, surge el reino de Portugal.

27 junio 2019
Volvimos al centro de Oporto, esta vez a la Plaza de Lisboa, que se encuentra íntegramente elevada sobre un parqueo, incluidos monumentos, jardines y árboles.


Y aquí es la primera vez en la vida que pago y hago cola de casi una hora para entrar a una librería, la librería Lello. Es considerada por los varias personalidades y medios de comunicación como la “librería más hermosa del mundo”. 

Diseñada por el ingeniero Francisco Xavier Esteves en un estilo neogótico, se inauguró en 1906 y se hizo famosa por las películas de Harry Potter, porque de ella se toma la decoración y arquitectura de la escenografía de la biblioteca de la saga. J.K. Rowling, la escritora, vivió y trabajó como profesora de inglés en Oporto. La escalera central es definitivamente fantástica, al igual que el enorme tragaluz, que otorga muy buena iluminación a todo el interior, evitando luces artificiales, incluso en los estantes de libros.


Seguimos caminando y disfrutando desde el centro de Porto hasta el río Duero, en cuyas orillas están las bodegas del famoso vino Oporto, que se los puede degustar en sus distintas variedades y nominaciones. Este vino, que recibe el nombre de la ciudad, es una variedad de vino surgida entre los siglos XVI y XVII, cuya particularidad se debe a la adición de aguardiente cuando está en proceso de fermentación, lo cual eleva su grado alcohólico hasta 25° y le da un sabor dulce y agradable.

Oporto ha experimentado su desarrollo urbano con el agua, del río y del mar, como elemento integrador y de comunicación entre las partes de la ciudad, que, basada inicialmente en barcos, desde el s.XIX lo hace con grandes puentes que unen fluidamente las riberas del río, como el Ponte das Barcas, el más antiguo, o el María Pía, el Arrábida, el Do Infante o el Ponte Luis I, una estructura de hierro de dos plataformas, donde la inferior une las riberas y la superior las laderas de las colinas. En casi todos ellos, ascensores urbanos permiten a los peatones trasladarse entre las plataformas y gozar de las vistas de la ciudad y el río. Al igual que los tranvías, los ascensores son parte del transporte público.

A las 9 de la noche, en el Jardim do Morro, nos sumamos a cientos de personas, especialmente jóvenes, que se congregan todos los atardeceres de verano para escuchar música en vivo y despedir al sol bañados por una hermosa luz crepuscular que confiere una luminosidad dorada a toda la ciudad.
La belleza del centro de Oporto nos sobrecogió, pese a que muchos de sus edificios, especialmente viviendas, tienen diversos grados de deterioro, dejándonos una sensación de melancolía.


28 junio 2019
Hoy nos toca caminar por los paseos de la Av. Da Beira Mar y sus playas junto al mar y de vez en cuando darnos un refrescante chapuzón. A media tarde, partimos hacia el norte, para pasar la noche en el camping de Playa Samil en Vigo, España.


29 junio 2019
Al mediodía y con la idea de retornar a Vigo en unos días, partimos a Santiago de Compostela bajo una suave llovizna.

Santiago de Compostela. Desde el parque Alameda, muy cerca al centro, partimos a explorar la ciudad, capital de la comunidad autónoma de Galicia, cuya parte antigua es Patrimonio de la Humanidad desde 1985. Desde la edad media (s.VII), la catedral dedicada al apóstol Santiago el Mayor, es punto de llegada de cientos de miles de peregrinos cristianos que llegan caminando desde todo Europa y durante todo el año por las diferentes rutas del “camino de Santiago”.


La catedral, construida entre 1075 y 1211 enteramente en bloques de piedra granito, responde a los estilos romántico, gótico y gallego. Su planta de cruz latina de tres naves con crucero y de tres naves, tiene 100 m de largo, 70 m de ancho y hasta 32 m de altura en la bóveda del crucero, altura que es rebasada por sus tres torres de distintos estilos y épocas. La estructura, de algo más de 8.000 m2, alberga en su interior, diversos estilos de gran manufactura y armoniosos entre ellos. Todas sus fachadas, con magníficos pórticos esculpidos, están frente a grandes plazas que marcan el desarrollo urbano de la ciudad.

Este edificio es de tantos y variados estilos como las lenguas y colores de los peregrinos que llegan, todos alegres por la hazaña lograda, creando un ambiente festivo más allá de rituales religiosos rígidos y de la fe que motiva a los peregrinos, logrando un espacio de encuentros y descubrimiento entre personas de todos los confines del mundo.

Después de visitar esta magnífica obra de arquitectura, callejeamos por el centro de la ciudad cuyas edificaciones, civiles y públicas, también son de bloques de piedra granito, al igual que los relucientes adoquines de sus calles.

Santiago de Compostela fue un descubrimiento inesperado que nos recuerda que a veces tenemos prejuicios equivocados. Al final de la tarde partimos hacia Finisterre.

Finisterre. Su nombre significa Fin de la Tierra y para muchos peregrinos del Camino de Santiago, es donde concluye su peregrinación. Durante muchos años, el cabo de Finisterre, se consideró el punto más occidental de Europa, pero después de mediciones más precisas, resultó que Cabo de la Roca, en Sintra, Portugal, está más al occidente. Acampamos al borde del acantilado, muy cerca del faro, para gozar de las preciosas vistas del Atlántico y el espectacular crepúsculo. Cuando las sombras de la noche caen, escuchamos “Finisterra” de la banda de rock español Mägo de Oz.

30 junio 2019
El trayecto que iniciamos hoy, lo planificamos para recorrer casi toda la costa atlántica de la península ibérica, desde el norte de España hasta el sur de Portugal.

Después de caminar por los acantilados y el faro de Finisterre, en una mañana fresca y de suave brisa marina, pusimos rumbo al sur, por una ruta costera de hermosos paisajes. Merendamos en Ancoradoiro, pero estaba lluvioso y algo frío, por lo que seguimos al sur, bordeando el delta de la Ría de Muros e Noia. Más adelante encontramos un pequeño bosque bañado por el río de Sieria.  

Llegamos a Vigo y buscamos un camping que nos permita pasar el resto del día junto al mar.

Vigo. Ubicada en Pontevedra, Galicia, en el delta de La Ría de Vigo, su geografía es muy peculiar, tanto que, Julio Verne, la cita en su obra “20.000 Leguas de viaje submarino”. Su historia como ciudad se remonta al s.XII, como una pequeña villa. Entre los siglos XIV y XV es frecuentemente asediada por piratas (Francis Drake, el pirata inglés, la asalta y arrasa el 1589), por lo que, a mediados del s.XV, es amurallada y fortificada para su defensa. En el s.XVI la ocupa brevemente la armada británica, en una época sacudida por los conflictos entre las monarquías de España y Portugal.

Como si esto fuera poco, la Ría de Vigo, desde 1957 al 2002, soportó cuatro catástrofes ambientales por los derrames de miles de toneladas de petróleo desde barcos accidentados, de los que aún no se recuperó plenamente.

1 julio 2019
A casi 15 Km de distancia frente de Vigo, se encuentran tres islas que son parte del Parque Natural de Islas del Atlántico. Para preservar su delicado equilibrio ambiental, solo reciben un limitado número de visitantes al día y solamente en “Illa do Faro”, donde se encuentra la famosa Playa de Rodas de arenas blancas, al pie de las montañas predominantes en las islas. Logramos un pase gracias a la previsión de Renatita que hizo la reserva días atrás.

Islas CíesComo es absolutamente prohibido atracar a embarcaciones privadas de cualquier calado, nos embarcamos en el catamarán autorizado, en un viaje inédito para mí, porque nunca estuve navegando por mar tanto rato ni una distancia semejante. Después de 45 minutos, llegamos a las islas y gozamos desde media mañana hasta el fin de la tarde de baños en las cristalinas y azules aguas y caminatas por las montañas de la isla, todo sin masas de turistas, sin ladrillos ni hormigón, entre aves en sus nidos y con sus polluelos al lado de las sendas y sin ningún temor a los humanos. Una experiencia que devuelve el optimismo y enseña mucho, al mostrar que una buena gestión del turismo y la preservación de la naturaleza son posibles armónicamente… ¡a menos de una hora de una ciudad portuaria!


2 julio 2019
Por la mañana, después de un sueño reparador y un desayuno restaurador y gracias al buen clima, disfrutamos de las playas de Vigo y caminatas por sus paseos costeros. 


Por la tarde nos dirigimos al sur y después de una breve parada en Oporto, esta vez sin degustar sus deliciosos vinos, continuamos viaje, sin detenernos en Lisboa, hacia Figueira da Foz y de allí hasta Praia do Pedrogao, donde pasamos la noche.

3 julio 2019
Costa de Portugal. Después de desayunar continuamos viaje. Encontramos Playa do Osso da Baleia, de grandes dunas de arenas blancas, un mar calmo y aguas azules, que después de recorrerla y bañarnos, nos invitaron a pasar la noche arrullados por sus olas.


Nos llamó la atención un pequeño detalle que, sin embargo, aporta mucho al cuidado del medio ambiente: a la entrada a la playa hay ceniceros portátiles y desechables para que los fumadores no tiren sus colillas en la arena. Un detalle que se suma a muchos que los portugueses aplican al cuidado de sus áreas de turismo, buscando el compromiso del visitante en el cuidado del medio ambiente.

4 julio 2019
Despertar en la playa con el rumor del mar y los gritos de las gaviotas, es una sensación muy agradable. Desayunamos contemplando la inmensidad del Océano, acariciados por una ligera brisa marina y un suave aroma salino.


Seguimos recorriendo la costa portuguesa descubriendo nuevos parajes de ensueño, como los del “Parque Natural del Suroeste Alentejano y Costa Vicentina”, con playas enclavadas en caletas envueltas por acantilados, que invitan a detenernos y visitarlas: playa do Salto, de Porto Covo, do Banho. Finalmente escogimos la cima de un acantilado de Monte Clérigo, sobre la playa da Fateixa, para contemplar el espectacular ocaso y pasar la noche.

5 julio 2019
A mediodía seguimos al sur e ingresamos a la región de Algarve, denominación que proviene del árabe y significa occidente (desde el s.XI se constituyeron diversas tarifas hasta el s.XIII, cuando la conquista Alfonso III de Portugal). En Algarve se encuentra el punto más suroccidental de Europa (cabo San Vicente).

Algarve.
La belleza de su paisaje marino con vistas limpias desde acantilados que cobijan numerosas y pequeñas playas, en un entorno natural que se conserva en ese estado, gracias a que relegaron la hotelería y los servicios turísticos a los pueblos tradicionales o áreas razonablemente alejadas de estos parajes (una decisión que contrasta con la Costa del Sol del Mediterráneo de España).


En el borde de un acantilado colindante con playa Amado (Carrapateira), en un área autorizada para campers y autocaravanas, establecimos nuestro campamento desde donde hicimos paseos por los acantilados y gozamos de baños en el mar hasta la puesta del sol.

6 julio 2019
Seguimos recorriendo los acantilados y bajando a las playas para darnos refrescantes chapuzones entre caminata y caminata, hasta que nos percatamos que ya eran las cinco de la tarde, tiempo de partir a España, concluyendo el recorrido de norte a sur de la costa atlántica de la península ibérica.
Al recorrer la costa de Portugal, confirmamos que el portugués es hospitalario, profundo y pasional, como su música, el Fado. Que es un país de suaves contrastes sociales, quizás porque los que tienen mucho son muy discretos. 


Cruzamos el puente de la frontera con la sensación que Portugal está logrando superar la crisis sin sacrificar sus hermosos paisajes y entornos naturales para capturar ese tipo de turismo insensible impulsado por vuelos baratos y cruceros masivos, y sin castigar su Estado de Bienestar, un bien apreciado por ellos.

Notamos que el país se va recuperando a ritmo lento pero sostenido, algo que se refleja en sus triunfos en la Eurocopa o en Eurovisión, o en sus políticos que están a la cabeza de la ONU y del Eurogrupo. También está considerarlo uno de los ocho países más seguros del mundo, aspecto que lo comprobamos durante este viaje.

Isla Cristina, España.
A menos de 15 minutos de la frontera, en el entorno de las marismas del río Guadiana y el Atlántico, se encuentra Isla Cristina. Ahí nos encontramos con Carmen y Ramón, excelentes y cálidos amigos sevillanos, que estos días están acompañados por María, su hija y Owen, su nieto, pasando el verano en un peculiar edificio de la playa del Cantil, conocido como el Faro de Isla Cristina, aunque no es propiamente un faro sino un edificio de departamentos.


Con tan excepcionales anfitriones y privilegiadas vistas desde sus terrazas, gozamos de conversaciones amenas y disfrutamos de una deliciosa cena, para luego realizar los rituales paseos por los malecones, hasta la llegada de un bucólico crepúsculo. 


Con las sombras de la noche, ponemos rumbo hacia Mairena del Aljarafe, para concluir esta aventura, al filo de la medianoche, llenos de recuerdos y mucho aprendizaje.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Bitácora viaje Verano 2018: Parte 3. España



Bitácora de viaje Verano 2018: España-Francia-España

Parte 3. Mediterráneo español

Desde el 7 de julio, día que iniciamos este viaje en Sevilla, cruzamos España de sur a norte y luego, desde la costa del Cantábrico español, cruzamos el sur de Francia hasta el Mediterráneo. Ahora iniciamos la última etapa de nuestro viaje en el cual bordearemos el Mediterráneo español, desde Cataluña hasta Málaga, para retornar a Sevilla. 
Estas las impresiones y apuntes de nuestra última parte del viaje, con la que cumpliremos 45 días y casi 6.000 Kilómetros de aventura a bordo de nuestro furgón camper.

9 de agosto
Cruzamos la frontera bajo una intensa lluvia, y en lluvia llegamos hasta el “Monestir de Sant Pere” (en catalán) de Rodes, parte de un complejo medieval benedictino de arquitectura románica, construido entre los siglos X y XI, al que se accede por caminos de montaña angostos y pendientes, que nos brindó hermosas vistas al crepúsculo del Mediterráneo.
Pasamos por Port Selva, donde encontramos un camping que, pese a ser caro no tenía espacio, y decidimos seguir viaje a Cadaqués, pero no encontramos ningún lugar para pasar la noche. Saliendo del pueblo, al borde de la medianoche, parqueamos en un espacio sobre un camino en las afueras de la ciudad, solo para dormir.
10 al 12 de agosto
Sobresalto matutino por el ruido que nos despierta: resulta que parqueamos en el sitio que la grúa de los Mossos, policía catalana, lleva a los coches mal parqueados en la ciudad, y como puede haber malentendidos con nuestro camper estacionado en ese sitio, nos vestimos y partimos de inmediato. Desayunamos junto al puerto de pescadores de Cap de Creus, en un restaurant junto al puerto y de atención amable, paseamos un poco por el pueblo y pusimos rumbo al sur, ya pasado el mediodía, por caminos secundarios que nos permiten recorrer campos y pequeños pueblos catalanes.
Encontramos un camping cerca a L Estartit, junto a la playa y de allí visitamos el pueblo en un simpático tren turístico nocturno, cenamos en uno de los restaurantes de la plaza de la Llevantina junto al “Passeig Maritim”. Por la noche, antes de dormirnos, comentamos sobre el intenso activismo del independentismo catalán, que lo percibimos cruzando por pueblos y campiñas desde que cruzamos la frontera. Un activismo que, notoriamente, se promueve desde las instituciones públicas, especialmente los ayuntamientos, saturando toda la infraestructura pública, desde edificios, plazas, mobiliario urbano, hasta el asfalto de las calzadas, con símbolos, consignas y cuanto recurso existe. Nos disgustó cierta simbología gris, militarista, porque inevitablemente nos trae a la memoria las dictaduras pinochetistas o argentinas y otros símbolos fascistas europeos.
Recordamos que hace menos de 1 año se realizó un referéndum, declarado ilegal, y que precipitó la aplicación del famoso artículo 155 de la Constitución española, la fuga del “President” de la Generalitat catalana a Bélgica, la detención de los principales impulsores del referéndum y la celebración de nuevas elecciones en Cataluña.
Al siguiente día nos animamos a quedarnos porque el lugar es agradable, la playa está muy buena y pasado el mal tiempo que tuvimos, el verano vuelve a mostrar sus mejores galas, esas que hacen famoso al Mediterráneo.

13 de agosto
El viaje a Barcelona lo hicimos por carreteras secundarias, pasando varios pueblos genuinamente catalanes, también llenos de propaganda independentista.
Poco antes de llegar a Barcelona, revisamos los datos para pernoctar en algún parking público en la ciudad, pero no son halagadores y tampoco entusiasman, así que decidimos quedarnos en un camping de El Masnou, un pueblo del área metropolitana de Barcelona, a media hora en tren a la plaza Catalana en el centro de la ciudad.
Luego de acomodarnos en el camping bajo la sombra de los árboles, para aprovechar el resto del día, tomamos el tren y nos fuimos al centro, compramos pasajes de dos días en el bus turístico y empezamos la visita a la emblemática ciudad de Barcelona.
Las largas caminatas están reducidas por una molestia en el pie de Renatita que le empezó hace un par de días. Al llegar al camping a la medianoche, llamamos a Voltio, un buen amigo boliviano, para que nos ayude, llamada que fue un acierto, porque nos permitió concertar una cita para la mañana siguiente con Héctor, médico chapaco que, por los azares de la vida, nos conocimos en Bolivia en los subversivos y anti dictatoriales años setenta, cuando él salió al exilio, hasta acabar en España, donde vive hace más de 20 años.
14 de agosto
La primera actividad a primera hora: visitar a Héctor en el hospital Quirón. Nos recibe de inmediato y luego de una agradable conversación de puesta al día de nuestras vidas y de la situación de Bolivia, revisa el pie de Renatita, confirmando lo que temíamos: fascitis plantar, una variedad de tendinitis y la necesidad de antiinflamatorios.
Segunda actividad, que la realizamos usando nuestros pasajes del bus turístico: buscar farmacia. Junto a los medicamentos recetados, compramos una muleta que resultó de gran ayuda para disfrutar Barcelona, tanto por la ayuda a los pasos de Renatita, como por la magia que otorga este artefacto en el transporte público, las colas y otros detalles que no los percibimos normalmente.
Recorrimos la ciudad en los buses turísticos, haciendo pausas en cada parada y recorriendo su entorno a nuestro ritmo, al margen del ajetreo del turismo de masas, en paseos que resultaron muy agradables y también con mucha información, gracias al internet. Al caer la tarde, caminamos toda La Rambla y el barrio Gótico, donde siempre hay artistas callejeros. En la fachada lateral de la vieja catedral gótica, nos quedamos escuchando a una excelente soprano ucraniana, que en algunas arias era acompañada por un joven tenor, aficionado a la ópera, de origen marroquí y técnico de Facebook-España. De esos sorprendentes detalles, nos enteramos gracias a la sociabilidad de Renatita, que trabó conversación con una pareja de catalanes, muy amables y que pertenecen a un grupo de amigos que se dan modos de prestar ayuda solidaria e incluso buscar patrocinio para los artistas callejeros de Barcelona.
Cenamos en un buen restaurante. Pese a ser martes y casi medianoche, nos percatamos del intenso movimiento de personas en trenes, metros y buses. Multitudes de gente de todo el mundo que, hablando en muchos idiomas, llegan al centro de la ciudad. Ellos vienen porque empieza la otra vida de la ciudad, la bohemia, la de la magia nocturna. Barcelona es una ciudad fantástica.
15 de agosto
Nos despedimos de Barcelona y pusimos rumbo al parque natural del Delta del Ebro, siempre por caminos secundarios. Nos detuvimos en Tarragona para disfrutar del mar en el “Passeig Maritim Rafael Casanova” y en “Punta del Miracle”.
A las 6 de la tarde, nuestro encuentro con el famoso río Ebro, en “San Jaume”, nos dejó una buena impresión, aunque esperábamos algo más.
Tras recorrer por estrechos caminos entre arrozales interminables, que por el paisaje y el calor nos hacían pensar en Filipinas o Viet Nam, paramos en una playa entre Eucaliptus y Punta de la Banya, que es una estrecha franja de tierra entre el mar y un lago, en el que Renatita se bañó con el resultado de una extrema picazón que le obligó a ducharse de emergencia en el camper en el mismo instante. Afortunadamente tenemos una buena ducha.
Siguiendo las recomendaciones de los demás “camperistas”, fuimos a dormir en el parking que tiene habilitada la administración del Parque Natural, cerca de Pueblo Nou. Al caer la noche, fuimos a su restaurante ubicado a unos 200 metros, pero la breve caminata se convirtió en un martirio por la cantidad y agresividad de los mosquitos sedientos de sangre fresca y, contra toda costumbre, no nos atrevimos a sacar nuestras sillas y mesita para tomarnos la copa de vino que normalmente acompaña nuestras tertulias antes de irnos a dormir.
16 de agosto
Desayuno dentro del camper; rociada de repelente e intento de visitar algo del lugar. Luego partimos del Delta del Ebro rumbo a Valencia, siempre por caminos secundarios que esta vez resultaron largos y tediosos.
Llegamos a Valencia, pero el parking señalado en la aplicación era el estacionamiento de furgones de carga frente a la estación de trenes. Previos extravíos por las calles de la ciudad, nos fuimos a uno público muy cerca de la futurista Ciudad de la Ciencia y el Arte, diseño de Calatrava y Félix Candela, que la visitamos de inmediato. A modo de recuperar fuerzas, entramos a su especial cine, el Hemisphere, a ver una película sobre la música popular en EEUU, que, proyectada en media esfera y con sonido envolvente, de rato en rato logra dar vértigo en las escenas aéreas de las ciudades. Es una experiencia intensa.
La “Ciutat de les Arts i les Ciències”, abrió plenamente al público el año 2005 y ahora es un complejo cultural reconocido mundialmente. Está construido sobre el cauce del río Turia y tiene los siguientes edificios:
L'Hemisfèric (13.000 m².), con forma de ojo, contiene la sala de proyecciones de cine IMAX, planetario y Láser.

Museo de las Ciencias Príncipe Felipe (40.000 m² en tres pisos), su forma es como el esqueleto de una ballena y es un museo interactivo de ciencias.

L'Umbracle, es un paseo ajardinado con especies vegetales autóctonas valencianas, cubierto por arcos flotantes desde donde se puede ver todo el complejo y con una galería de arte al aire libre de esculturas contemporáneas, denominado El Paseo de las Esculturas.

Oceanográfico (110.000 m² y 42 millones de litros de agua), es el acuario oceanográfico más grande de Europa, donde se representan los ecosistemas del Mediterráneo, Humedales, Mares Templados y Tropicales, Océanos, Antártico, Ártico, Islas y Mar Rojo, además de un delfinario. Su cubierta en forma de nenúfar es obra del arquitecto valenciano Adrián Peláez Coronado y el diseño estructural de las cubiertas, de los ingenieros Alberto Domingo y Carlos Lázaro.  Félix Candela diseño las espectaculares cubiertas del edificio.

Palacio de las Artes Reina Sofía, dedicado a la música y a las artes escénicas, cuenta con cuatro grandes salas.

El Puente de l'Assut de l'Or, que estructura la ciudad de Valencia con este complejo. Su pilono de 125 metros de altura es el punto más alto de la ciudad.

El Ágora, es una plaza cubierta en la que se celebraban conciertos y eventos deportivos.
Recorrer por el complejo de Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia, entre grupos de jóvenes, música, esculturas, agua y vegetación, da la sensación de transportarse a un futuro optimista. Con el pasar del tiempo, considero que esta obra dedicada a la ciencia y el arte será muy emblemática del siglo XX, como una obra espectacular que no se consagra a la religión, sino a la ciencia y el arte.
Luego nos fuimos en bus al centro y cenamos frente a la catedral, regresando al filo de la medianoche al camper.
Valencia es una ciudad que tiene lo suyo. Capital de la comunidad Valenciana, fue fundada por los romanos el año -138 ae, fue ocupada por los musulmanes el 711 y conquistada por los cristianos el 1238.
Entre los símbolos valencianos, destaca el Murciélago, que, de acuerdo con las crónicas, se incorpora en su escudo a inicios del s. XVI, gracias a las leyendas sobre su rol en la conquista de la ciudad por Jaime I. La más común relata que un murciélago, con sus ruidos, “despertó a Jaime I y a los soldados ante la llegada de los musulmanes que pretendían atacarlos durante la noche. Gracias al murciélago pudieron hacerles frente y derrotarlos. Fue entonces cuando Jaime I mandó cubrir de honores a este animal y colocarlo en la cima del escudo de la ciudad”, hasta nuestros días, donde su presencia en muchos de sus edificios públicos es notable.
17 y 18 de agosto
A las 8 de la mañana del 17 de agosto, despertamos por la actividad propia de un parqueo público de ciudad, así que pusimos rumbo a Águilas, desayunando en una estación de servicio de la carretera.
Tomamos la autovía, hasta Pulpí, donde paramos muy cerca de la playa Carolina, en un camping espontáneo, donde concurren muchos campers y autocaravanas de españoles, franceses… y hasta un grupo de dos familias rusas.
Nos quedamos a 20 metros del mar, con unas vistas excepcionales y vecinos simpáticos con los que compartimos por la noche: un jubilado madrileño, místico y solitario, que salía a pescar al amanecer en su bote y ya llevaba tres semanas en el lugar y una pareja vasca, amable y conversadora, que piensan que el franquismo sigue gobernando en España. Al final, nos quedamos dos días y dos noches.
19 de agosto
Retomamos las vías secundarias, esta vez sobre una ruta de montaña junto al mar, que cruza el parque natural Cala de Gata, con vistas y miradores excepcionales al mar, como Granatilla y La Amatista. 
Saliendo del parque, pasamos por paisajes parecidos al Altiplano boliviano, solo que con más de 30 grados de calor. Pero lo que nos impresionó es atravesar un mar de plástico, así lo llamamos, y
calculamos de unos 200 Km2 (tardamos algo más de una hora en cruzarlo a 60 Km/h como velocidad promedio y, según Google Maps, tiene un ancho de promedio 4 Km), literalmente forrado de invernaderos construidos para la agricultura, una tecnología aparentemente necesaria para producir en esta aridez, pero que nos dejó pensando en los agroquímicos que usan o en las miles de toneladas de plástico que visiblemente se desechan, aunque nos cruzamos un camión destinado a su recojo para reciclarlo.
Dejando atrás el mar de plástico, visitamos brevemente algunos pueblos costeros del típico desarrollo para el turismo, con lindas playas y ningún pasado, sin señales de otra actividad económica que indique que no se convierten en pueblos fantasma después del verano.
Finalmente nos detuvimos cerca de Níjar, en la playa del Peñón Blanco, junto a la isleta del Moro, donde, después de un reparador baño en el mar, pasamos la noche.
20 de agosto
Partimos a San José luego de desayunar, para conocer sus internacionalmente famosas playas. Había espacio en Genoveses, una de las famosas, donde estuvimos solo un par de horas porque el viento era intenso y el mar agitado, con la bandera roja que señala prohibición de entrar al mar.
A media tarde, paramos en San Miguel de Cabo de Gata y para nuestra sorpresa, encontramos unas playas de aguas transparentes y azules, tranquilas y muy poco viento, donde nos bañamos un par de horas antes de proseguir viaje hacia Nerja, donde pasaremos nuestra última noche en el parking público de El Playazo. En el chiringuito de esta playa, cenamos sardinas a la brasa y paella, todo delicioso, acompañados de un atardecer bucólico, digno de nuestra última cena de esta aventura.
21 de agosto
El día está hermoso, la playa bella, el mar azul y calmo, pero no podemos bañarnos por las medusas, así que nos conformamos con asolearnos y gozar la playa hasta la hora de almorzar.
A las tres de la tarde iniciamos el último tramo del viaje, rumbo a Mairena del Aljarafe, en Sevilla, donde llegamos a las siete de la noche, para gozar una cena de bienvenida preparada por Fatiha y Kamel, una pareja de amigos de Santa Cruz, Bolivia, que ahora residen en Madrid y se alojaron en casa para pasar el verano durante nuestro viaje.
Desde el 7 de julio, fecha de nuestra partida, han transcurrido 45 días en los cuales recorrimos 5812 Km, según el odómetro del camper, cruzando España, primero de sur a norte y de oeste a este por el Cantábrico, luego cruzamos el sur de Francia, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo y finalmente España de norte a sur por la costa del Mediterráneo, hasta Sevilla.
Sentimos que nuestra pareja se fortaleció, creció y maduró mucho, al igual que cada uno de nosotros. No tuvimos ningún percance que vaya más allá de la anécdota y nuestro furgón camper, de 11 metros cuadrados de espacio habitable, se desempeñó muy bien.
Vimos muchos lugares, cosas y costumbres; también conversamos con gente de los sitios que visitamos y con aquellos que venían de lejos visitando esos lugares, escuchamos voces y melodías de muchos pueblos y leímos varios libros durante el viaje.
Aprendimos mucho, muchísimo.
Estamos felices por haber realizado este viaje, cumplir los objetivos que nos trazamos al iniciarlo, y también estamos felices de estar nuevamente en casa, sanos, salvos y bronceados.

Para quienes siguieron esta Bitácora de viaje relatada en tres partes, espero que su lectura les haya resultado grata y divertida.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Bitácora viaje Verano 2018. Parte 2: Francia

Bitácora de viaje Verano 2018: España-Francia-España

Parte 2. Sur de Francia

Iniciamos esta aventura el 7 de julio en Sevilla, ya cruzamos España de sur a norte y luego, por la costa del mar Cantábrico, hasta Francia (Parte 1). Ahora cruzaremos todo el sur de Francia, desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo y estas son las impresiones y apuntes de esta parte del viaje.

16, julio
El viaje desde San Sebastián hasta Toulouse, de unos 480 Km, lo hicimos en algo más de 6 horas, porque por un descuido nuestro, el navegador evitaba los peajes y autopistas, fallo que resultó simpático porque cruzamos la campiña, la “Francia profunda”, por caminos vecinales que pasan entre pueblitos semiabandonados y pequeñas comarcas. Llegamos a Toulouse al caer la noche y paramos en un camping en las afueras de la ciudad. Nos alcanzó el tiempo para un breve paseo por el centro de la ciudad, cenar en una simpática plaza y, al filo de la medianoche, casi perdimos el último bus de retorno al camping.

17, julio
Después de una buena ducha y un desayuno suculento, retornamos a Toulouse en una combinación de bus y tranvía. Actualmente se la considera una Tecnópolis especializada en aeronáutica e industria aeroespacial, telecomunicaciones y medicina. Es la cuarta ciudad de Francia con más de 1 millón de habitantes.
Su historia urbana se inicia en el primer siglo de nuestra era con la conquista romana, de donde viene su nombre, para seguir con los visigodos a la caída de Roma y posteriormente, en el s. IX, pasar al reino franco de Aquitania. La estructura urbana del centro mantiene sus calles estrechas y sinuosas.

Toulouse es apodada la “Ciudad Rosa”, por su arquitectura en ladrillo visto que le otorga ese peculiar color, al tiempo que deja visibles las estructuras portantes de sus edificios. Los españoles constituyen uno de los grupos mayoritarios de población extranjera de la ciudad y provienen del exilio de la guerra civil de España y en los años del franquismo la nombraron la Capital de la República. Hasta ahora, la CNT española, de orientación anarco sindical, mantiene su sede en Toulouse, en la 4 Rue de Belfort.

Ya por la tarde partimos y logramos nuestro segundo objetivo: alcanzar el Mediterráneo, que lo hicimos en Montpellier. Cruzamos el sur del Continente de oeste a este, desde el Cantábrico. A las 10 de la noche llegamos a Tourves, donde nos esperan cálidos y amables Els y Alan, con los brazos abiertos, una reparadora cena y una generosa copa de buen vino francés.

18 al 22 de julio
Renatita requiere reposo y qué mejor que en la casa de Alan y Els, en Tourves. Agradable compañía, buen vino y excelente comida, clima agradable y paseos a las ciudades cercanas. Todo un descanso de gran calidad y sobre todo calidez.

23 julio
Organizamos un circuito de 6 días. Partimos pasado el mediodía rumbo a Avignon y parqueamos en un camping privado a orillas del rio Rhone, muy cerca al famoso puente, por siglos inconcluso, y que me trae a la memoria una canción del colegio: “Por el puente de Avignon, todos bailan todos cantan, yo también”.
Al finalizar la tarde paseamos a pie por la ciudad, donde nos llamó la atención el Palais des Papes y el hermoso parque Rocher des Doms, sobre una colina que domina la ciudad y que nos trae a la memoria el Montículo de La Paz, salvando las diferencias.

Avignon, es la capital de Vaucluse (Provenza-Alpes-Costa Azul). En ella residieron siete papas desde 1309 hasta 1377 y este período se conoce como del “Papado de Avignon”. Se mantuvo bajo el control papal hasta 1791, cuando pasó a formar parte de Francia.
De la época papal data el Palais des Papes, una edificación gótica con algo más de 15 mil metros cuadrados construidos. El centro de Aviñón fue reconocido en 1995 como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Por la noche nos adentramos entre sus calles y su famoso festival de cultura, pero no entramos a ningún espectáculo porque esta noche es del teatro y el idioma es una barrera, así que disfrutamos de la música y los saltimbanquis callejeros, de los que gozamos en especial de una muchacha que cantaba dulces baladas acompañada solamente por su gigantesco contrabajo.

24 julio
Nos tomamos el día en Avignon y por la tarde salimos a Les Baux-de-Provence, un pequeño pueblo de arquitectura medieval construido en piedra en la cima de una colina de rocas bastante agreste, de la cadena montañosa Alpilles o pequeños Alpes, por lo que tiene vistas privilegiadas del valle de la Fontaine.
Por todo el pueblo no permiten vehículos de ningún tipo, solo se puede caminar por sus estrechas calles empedradas, sinuosas y con fuertes pendientes, así como por sus pequeñas plazas y terrazas, que son miradores, todo este espacio público está rodeado de arquitectura medieval y renacentista.

Luego del paseo, nos fuimos al centro cultural Carrierres des Lumieres, muy cerca de Les Baux-de-Provence. Este centro cultural, que se puede definir como “arquitectura subterránea” si existe tal cosa, está al interior de una cantera de piedra caliza, que se explotaba desde socavones que se amplían en galerías de enormes dimensiones bajo tierra. A su abandono como cantera, fue transformada en un impresionante centro de exposiciones multimedia, que incluye programas de conciertos en vivo de diversos géneros de música, muy demandados por un público que llega desde el exterior.

Con música envolvente de gran calidad acústica, las exposiciones son proyectadas por 70 video proyectores sobre los pisos y muros de piedra, que alcanzan hasta 14 metros de altura, cubriendo unos 6.000 m2 de superficie de proyección, según la información proporcionada por el centro. A nosotros nos tocó ver dos exposiciones con una sola entrada:

La primera, de 1 hora de duración, con el sugerente nombre de “Flower Power”, sobre el arte hippie y pop de los años 60 y 70, abarcando tanto la producción gráfica, como la de música rock. Por supuesto nos trajo muchos recuerdos de nuestra juventud y también temas de reflexión de lo que significó esa época para occidente en general y para nosotros en particular.
La segunda exposición, también de 1 hora, mostraba la obra de Picasso y de los maestros españoles anteriores a él, y que presumiblemente lo influenciaron. Las obras de cada maestro eran acompañadas con música clásica de su época, pero nos hubiera gustado que pusieran referencias o explicaciones sobre las obras de los pintores españoles mostrados. La obra de Picasso, acompañada de música española y francesa de su época, era alternada con fotografías y filmaciones de él realizando sus obras, muy ilustrativa para quienes tenemos alguna idea de arte, pero por la falta de referencias, resultaba confusa para quienes no conocen su obra y su contexto. Esta segunda exposición, nos hizo reflexionar acerca de la preferencia de Picasso de vivir prácticamente toda su vida en Francia y no volver a España, aún después del franquismo.

Saliendo de la exposición, decidimos quedarnos en el parqueo de Carrierres des Lumieres. Instalamos nuestra mesita frente a unas esculturas contemporáneas expuestas al aire libre, para merendar y conversar sobre lo visto y sentido en las exposiciones, hasta el borde de la medianoche. Nos fuimos a dormir acompañados de un intenso grillar en el bosque que nos rodea, que no paró hasta el amanecer.

25 de julio
La llegada desde temprano de visitantes al centro cultural Carrierres des Lumieres, nos obliga a partir hacia Arlés. En el camino nos desviamos a la Abadía de Montmajour, ubicada sobre una colina y construida en piedra hace unos mil años por monjes benedictinos en estilo románico, con grandes arcos y cupulas de piedra.

El conjunto, que por la pendiente se desarrolla en varios niveles y al borde de barrancos rocosos, tiene una ermita del s. XI, el monasterio medieval del s. XII, la torre vigía del s. XIV y el monasterio de principios del s. XVIII, cuando la revolución francesa expulsó a los monjes y pasó, primero a manos privadas y luego a la comunidad.
La restauración y su estado de preservación son envidiables y me dejan pensando en los avances de la ingeniería y arquitectura durante 7 siglos, reflejados en este conjunto, donde lo sobresaliente es su estructura y la ausencia de decorados, retablos o cuadros. Solo el edificio nos transmite toda su historia. Desde sus terrazas se dominan los valles que alguna vez fue dominio de los famosos y míticos Templarios.

A orillas del río Rhone está Arles, donde llegamos a media tarde, una ciudad que según los especialistas inspiró parte de la obra de Van Gogh. En ella, visitamos el “Musée Départemental Arles Antique”, que tiene una excelente colección arqueológica de lo que denominan “Cultura Mediterránea”, con esculturas, artesanías y joyería, barcos reconstruidos y excelentes maquetas de los principales edificios públicos de la expansión del imperio romano por esta región. El museo también cuenta con piezas griegas, porque la historia de la ciudad se relaciona también con la expansión de Grecia por el Mediterráneo.
Luego paseamos la ciudad y entramos al “Arenes de Arles”, un coliseo romano enorme y bien restaurado, que en la actualidad, curiosamente, es escenario de corridas de toros, incluidos toreros españoles famosos, reflejando la fuerte influencia cultural de España y los gitanos en esta parte de Francia. De allí fuimos al Teatro romano, que también está acondicionado para conciertos al aire libre en primavera y otoño.

El calor nos obliga a suspender el paseo y volver en bus al camper, para partir hacia la costa y playas del Mediterráneo, en Saintes-Maries-de-la-Mer, un pueblo en “Camargue”, donde aún nos alcanza el tiempo para bañarnos en el mar y pasear por el pueblo antes de cenar viendo el atardecer.

26 de julio
El camping donde dormimos es ruidoso y hacinado, por lo que desayunamos, nos bañamos en el mar y partimos hacia el puerto de Tiki, de donde salen barcos de paseo por la desembocadura al mar del río Petit Rhone (Ródano en español).

El paseo fue bonito, pero ya no es como en los recuerdos de Renatita, con las manadas de caballos blancos y toros negros corriendo libres por el campo. Ahora están en rebaños estratégicamente puestos y coordinados para las vistas y fotos de turistas, que se ponen en movimiento cada que llega el barco. Pero, aun así, no deja de ser un espectáculo especial.
Después del paseo, decidimos mudarnos a un camping a unos 2 kilómetros del pueblo, menos hacinado y más silvestre, ubicado a orillas del mar, donde nos bañamos desde el final de la tarde hasta la salida de la luna, disfrutando de una hermosa noche.

Camargue es un parque natural de marismas o humedales y lagunas saladas, ubicado en la desembocadura del Ródano al Mediterráneo. Se dice que cuenta con la mayor población de flamencos de Europa.

Es un sitio especial para los gitanos. El 24 de mayo vienen miles de gitanos desde Francia, España, Portugal, Centroeuropa y el mundo, en furgonetas, lujosas autocaravanas o carretas, como las de antes, para venerar la imagen morena de Santa Sara, no canonizada por la Iglesia, en procesiones que las abren grupos de jinetes sobre caballos blancos que al llegar al mar se adentran en las aguas del Mediterráneo.

Durante esta fiesta, en una capilla de Saintes-Maries-de-la-Mer, las mujeres gitanas, y solo ellas, eligen a la reina del año, que no es precisamente de belleza, sino de Las Gitanas. Detrás de esta fiesta existe una leyenda que cuenta que Sarah dio la bienvenida a la barca en la que llegaron a estas playas María Magdalena, María Salomé y María Jacoba (madre del apóstol Santiago), quienes huyeron de Jerusalén cuando comenzó la persecución a los seguidores de Jesús. La leyenda también cuenta que en 1448 descubrieron en Saintes-Maries-de-la-Mer las reliquias de María Salomé y María Jacoba, que aún se conservan.
Los huesos de María Magdalena, aún se guardan en la iglesia de San Máximo en Sainte Baume, que en un anterior viaje a Francia visitamos, así como las cavernas ubicadas en las montañas cercanas a San Máximo, donde supuestamente vivió hasta su muerte. A ellas se llega caminando por un empinado sendero.

27 de julio
Después del desayuno y otro baño matutino en el mar hasta el mediodía, partimos rumbo a Marsella, donde paramos solo una hora, en el Museo de las civilizaciones de Europa y el Mediterráneo -MUCEM-. El calor nos inhibe de pasear y suspendemos la visita a la ciudad. La dejamos para volver con Els y Alan en próximos días. Ya en Tourves, vimos el publicitado eclipse total de luna, pero en esta parte de Europa no fue tan espectacular porque la luna salió eclipsada y solo se pudo ver la segunda mitad del fenómeno celeste.

28 al 30 de julio
Pasamos dos días plácidos en Tourves. El lunes 30 visitamos con Els y Alan el MUCEM de Marsella para ver las exposiciones “Fan Tan” de Wai Wai, y la exposición del Oro.

El nombre Fan-Tan de la exposición tiene doble sentido: por una parte, se refiere a un tanque del ejército inglés que operó en Francia durante la Primera Guerra Mundial. Por otra parte, Fan-Tan también es el nombre de un juego chino parecido a la ruleta, de este modo, Wai Wai quiere mostrar en esta exposición, la relación entre China y occidente, llena de confusiones y malos entendidos, cuestionando nuestras formas de interpretación sobre nuestras ideas de ‘original’, ‘copia’, ‘arte’, ‘artesanía, ‘destrucción’ y ‘conservación’ a través de las 100 obras expuestas, sobre todo objetos cotidianos intervenidos para dotarles de otro significado.

Recordamos que una de las obras emblemáticas de Wai Wai es de arquitectura: el estadio “Nido de Pájaro” de Pekín que simbolizó los Juegos Olímpicos de 2008. Pero él es un artista disidente y crítico del gobierno chino, actualmente exiliado en Alemania. En agosto, pocos días después que visitamos la exposición, las autoridades chinas demolieron su casa-estudio de Pekín.

La segunda exposición, del oro, combina objetos arqueológicos, como máscaras funerarias, relicarios, objetos rituales y otros, con obras de arte moderno y contemporáneo, películas y documentos, que nos muestra y atestiguan sobre la fascinación por el oro que las civilizaciones del mediterráneo sentían, y aún sienten, desde hace más de tres mil años. Todo un recorrido de historia del arte a través del oro, objeto de lujuria y de conquista, símbolo de poder y riqueza, de expolio, tragedia y dolor.
El museo de las civilizaciones de Europa y el Mediterráneo -MUCEM-, construido en 2013, año que Marsella fue Capital de la cultura de Europa, es una espectacular obra del arquitecto marsellés Rudy Ricciotti, ubicado en el “Tunnel du Vieux-Port, Marseille”, junto al puerto de Marsella y antiguo Fort Saint-Jean, a los que se integra tanto desde las terrazas como desde los niveles de las calles y plazas circundantes.

Es una estructura de hormigón armado de secciones mínimas, gracias a la aplicación de las últimas investigaciones francesas sobre el hormigón con polvos de minerales, con un cubo de 72 metros de lado, junto a otro de 52 metros por lado, tratados para su acabado en tonos mate de gris oscuro, que evitan que el conjunto resalte excesivamente de su entorno. La mejor forma de visitarlo es caminando por sus rampas porque tienen muy buenas vistas del mar, del fuerte y la ciudad.

31 de julio
Partimos nuevamente, esta vez rumbo a Barjols, famoso por sus fuentes de agua en sus calles y plazas y de allí pasamos a Quinson, un pueblo medieval de la Alta Provenza, para visitar el Museo de Prehistoria, diseñado por Norman Foster, que conserva e ilustra las huellas dejadas de la vida de la Edad de Piedra, descubiertas en el sitio arqueológico de Gorges du Verdon.

El edificio, que no es grande ni monumental, aprovecha la pendiente del terreno permitiendo que el museo se pliegue en el paisaje. El borde excavado de trazo curvo está definido por un largo muro de contención de piedra seca que continúa la línea de un muro existente de la aldea y desemboca en el edificio para guiar a los visitantes hacia el vestíbulo de doble altura, que recuerda las cuevas. La pieza central de la exposición es una reconstrucción de las cuevas paleolíticas de Gorges du Verdon, que de otro modo serían inaccesibles.
De acuerdo con las especificaciones del edificio, el uso de aire acondicionado o calefacción son muy bajos, al igual que el consumo de energía para su iluminación, gracias a su diseño.

Seguimos a la represa de Bauduen y paseamos por el lago, de un paisaje hermoso, en una lanchita con motor eléctrico conducida por nosotros mismos. Dormimos en un camping cercano.

1 de agosto
Encontramos una linda playa en el lago en Sainte Croix de Bauduen y pasamos desde la mañana hasta media tarde, bañándonos en el lago. Luego cruzamos a la región de Ries, aún en Alpes de Alta Provenza, con la esperanza de encontrar lavandas en flor y tuvimos suerte al descubrir que todavía quedaban parte de las extensas plantaciones sobre los 600 metros sobre nivel del mar, todavía azules y violetas, con el aroma a lavanda aún en el aire. La lavanda es un verdadero símbolo de la Provenza que es una planta silvestre actualmente cultivada y que tiene gran demanda de la industria cosmética y aceites esenciales, que aún se elaboran por campesinos de la región, en pequeñas industrias familiares.
Seguimos hasta Moustiers-Ste-Marie, un pueblo fundado por monjes en el s. V, a los pies de un acantilado y ubicado en el parque natural del río Verdon. Esta topografía y la cascada ubicada en medio pueblo, le otorgan su singular encanto que invita a caminarlo, cosa que hicimos hasta el final de la tarde. Acampamos cerca de Aiguines, junto al lago Sainte Croix, en un parqueo público porque no había espacio en ningún camping.

2 de agosto
Después de desayunar nos metimos al lago pensando seguir viaje, pero el día y el lago estaban tan deliciosos… Por primera vez inflamos un pequeño bote que lo teníamos aún encajonado, nos calzamos zapatos para caminar en el agua y nos lanzamos a remar por cerca de cuatro horas y más de 2 Kilómetro por el cañón del lago, entre cientos de botes a pedal rentados, que parecía una romería en el agua.

Todo iba bastante bucólico, hasta que llegamos a una cascada y se nos ocurrió refrescarnos con una “duchadita” bajo el chorro de agua, muy agradable ciertamente, pero que casi hunde nuestro bote que se llenó de agua, provocando las miradas de quienes pasaban por nuestro lado en sus botes, las unas preocupadas, porque visto de afuera, con seguridad parecíamos una patera a punto de naufragar, y las otras divertidas ante esos viejitos a punto de naufragar. Remar era una tarea pesada por la cantidad de agua dentro del bote que nos llegaba hasta la cintura y nuestro avance era muy lento.
Llegamos a un punto apropiado para salir del lago, secar todas las cosas que se mojaron y vaciar el agua del bote. Total, nos divertimos como adolescentes. Secos y descansados, almorzamos y partimos hacia Tourves, con una breve pausa en Aiguines.

3 al 6 de agosto
Nuevamente en Tourves, cobijados con el calor y cordialidad que nos dispensan Els y Alan, además de Jo y su flamante esposa, Dunia, una bella muchacha francesa-marroquí. Su casa data del s. XVI, y está rodeada de un extenso jardín de árboles, frutales y flores, todo regado con el agua de su propio pozo.

Tourves es un pequeño pueblo típico del sur de Francia, de estrechas calles y construcciones de 3 y 4 plantas a dos aguas en sus cubiertas. Se encuentra en el departamento de Var, entre Saint-Maximin y Brignoles, su historia como centro urbano, se remonta al s. XI. A mediados del s. XVI, en la “Guerra de las religiones”, sus habitantes optaron por el protestantismo, lo que ocasionó que sean masacrados en 1562 por los ejércitos católicos. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue un importante centro de la resistencia a la ocupación nazi.

Entre sus edificios patrimoniales, destacan las Ruinas del castillo Valbelle, que data de la Edad Media y que a lo largo del tiempo fue sufriendo notables modificaciones. En la actualidad, las ruinas del castillo y el enorme parque a su alrededor son públicos y es un sitio de encuentro y solaz de los habitantes de Tourves.
El día 5, los cuatro nos fuimos al museo de Arte Contemporáneo de Chateauvert y mientras tomábamos un pastis en el bar, se desató una tormenta que parecía tropical. De la exposición que vimos, sin cometarios

Día 6 de agosto, nos despiden de Els y Alan con un suculento desayuno. Y estamos nuevamente en la ruta, rumbo a Saintes Maries de la Mer, al camping que ya estuvimos. Allí, nuevamente disfrutamos del mar y la playa desde las tres de la tarde hasta las ocho de la noche.

En el camper, nos preparamos tallarines para cenar, acompañados de una copa de vino blanco y así concluir otro día bucólico.

7 de agosto
Saintes Maries de la Mer está delicioso, por lo que decidimos quedamos un día más.

8 de agosto
Sin prisa, pusimos rumbo a España y nos detuvimos en Montpellier. Parqueamos en Pompignane y tomamos el tranvía para irnos a pasear por el centro de la ciudad, donde vimos el Monasterio de San Pedro, que destaca por el extraño pórtico de su capilla sostenido por dos altas torres parecidas a un cohete. Al igual que muchas ciudades francesas, también tienen un “Arc de Triomphe” junto a un conjunto de edificios públicos de arquitectura de la época, creando un conjunto urbano armónico. Concluimos el paseo en el Acueducto de San Clemente.

Montpellier es una ciudad hermosa, amable y múltiple. Capital del departamento Hérault, su historia se remonta al s. X, cuando la fundó un señor feudal. En el s. XII ya era un centro comercial renombrado por sus vínculos comerciales en todo el mediterráneo, que a su vez propició una rica vida cultural que floreció dentro de la tolerancia entre musulmanes, judíos, cátaros y protestantes desde el s. XVI. Durante la década de los sesenta del siglo pasado, muchos franceses argelinos se asentaron en esta ciudad empujados por la independencia de Argelia.

Actualmente es una ciudad universitaria, siguiendo su tradición histórica, ya que sus primeras universidades datan de inicios del S.X, especialmente importantes en medicina. Esto también impulsa su importancia cultural, por su famoso Festival de Radio France et Montpellier de música clásica y jazz, así como por el Festival Internacional de Cine Mediterráneo de Montpellier.
La historia de esta ciudad refleja claramente el período feudal y monárquico de esta parte de Europa: Montpellier era parte de la corona de Aragón y luego de los dominios de Jaime III de Mallorca, quien finalmente, en 1349, la vendió al rey francés Felipe VI

Nos despedimos de Montpellier y paramos en Sète, que la callejeamos brevemente y disfrutamos un concierto de música tecno en uno de sus canales. Luego seguimos a Narbonne, paseamos su centro y admiramos su antigua catedral. Para pasar la noche fuimos a Peyriac de Mer, donde pernoctamos junto al lago, cerca de un pequeño puerto de pescadores. Merendamos dentro del camper, porque afuera hay muchos mosquitos sedientos de sangre.

9 de agosto
Apenas pasada la medianoche, parquearon junto a nosotros dos parejas que armaron carpas para dormir. Por su conversación nos percatamos que son chilenos, que viven en Cataluña, que trabajan en la recolección de desechos por cuenta propia, tema que propiciaba su intercambio de anécdotas, unas divertidas y otras tristes, reflejando las peripecias y penurias por las que pasan muchos latinoamericanos que llegan por estos lares en busca de trabajo.

El pueblo de Peyriac de Mer, donde desayunamos, tiene un paisaje hermoso junto a su lago de salinas, lleno de flamencos reunidos en grandes grupos. El lago puede pasearse por sendas de madera muy bien mantenidas, por rutas de 2 y 5 kilómetros que rodean el lago y las salinas. Las sendas parten y concluyen en el pueblo. De allí fuimos a La Côte Radieuse y pasamos hasta Saint Cyprien Plage, por una franja de tierra que divide el lago del mar y exhibe bellas playas a ambos lados. Pero no nos quedamos porque empezaba a llover con fuerte viento.
Nos dirigimos a España. Bajo una torrencial lluvia llegamos a la frontera, esta vez en el Mediterráneo, y recordamos que cuando cruzamos la frontera por el Cantábrico el pasado 16 de julio, también llovía torrencialmente.